¿A qué olía el Antiguo Egipto? Los perfumes de los faraones que la ciencia intenta reconstruir
Imagina entrar en un templo egipcio hace más de tres mil años. Al amanecer huele a resina recién quemada; a mediodía, a mirra; al caer la tarde, a una mezcla densa y dulce de dieciséis ingredientes que los griegos llamaron kyphi. Las estatuas de los dioses se ungen cada día con aceites perfumados, los invitados a un banquete van perfumados de pies a cabeza y los muertos parten hacia la eternidad envueltos en resinas.
En Egipto, oler bien no era un capricho: era una forma de estar cerca de los dioses, de mostrar poder y de vencer a la muerte. Y lo más fascinante es que hoy, con cromatógrafos, espectrómetros y narices entrenadas, los científicos están empezando a reconstruir aquellos olores. Te lo contamos con las curiosidades más sorprendentes, todas contrastadas con estudios y museos.

No era perfume como el de hoy: aceites, grasas y ungüentos
Cuando hoy hablamos de perfume pensamos en una fórmula aromática disuelta en alcohol. En el Egipto de los faraones no era así. Según la egiptóloga Lise Manniche, autora de la entrada sobre el perfume en la UCLA Encyclopedia of Egyptology, el aroma se liberaba quemando incienso o se preparaba sobre una base de aceite o grasa. La destilación ya parece conocida en otras partes del mundo antiguo hacia el 2000 a. C., pero no hay pruebas de que se usara en el Egipto faraónico.
Las bases para los perfumes corporales eran aceites locales de sésamo, ricino, balanos y moringa, además de aceite de oliva y de almendra en menor cantidad y probablemente importados. Para un ungüento más sólido se usaba grasa de buey, de oveja o de ave. El resultado se parecía más a un aceite perfumado, un bálsamo o una pomada que a un eau de parfum moderno.
¿Y qué olía? Los autores clásicos que copiaron recetas egipcias citan una y otra vez cinco ingredientes: incienso, mirra, canela, casia y cardamomo. Todos ellos importados. A su lado aparecen otros como el iris, la henna, el enebro, el lirio, la mejorana, la menta, el mirto, el cálamo, la almáciga o la resina de pistacia.
Recetas que podían tardar dos años
La fuente más extraordinaria que conservamos está en el templo de Edfu, de época ptolemaica: en las paredes de una sala que se ha llamado «el laboratorio» hay recetas de perfumes grabadas en piedra. Primera curiosidad: aquella sala, sin luz ni ventilación, probablemente era más bien un almacén que un taller. Y segunda: las instrucciones quizá se copiaron de un «Libro del ungüento» que figuraba entre los libros de la biblioteca del templo de Dendera.
Las recetas son minuciosas. Indican cantidades, el orden de los ingredientes y hasta cuánto debía reducirse la mezcla al cocerla, para obtener al final una cantidad calculada de antemano: normalmente un hin, alrededor de medio litro. Antes de añadir los ingredientes principales, el aceite o la grasa se «preparaban» con hierbas y especias. Contando esa preparación de la base, todo el proceso podía durar un año, e incluso dos.
Los perfumistas egipcios ya sabían cosas que cualquier perfumista actual reconocería:
- El orden importa: el ingrediente que se añadía al final era el que más se notaba.
- Había fijadores: algunos ingredientes, como la raíz de iris, servían para «atar» los aromas, y otros para realzarlos, como el vino dulce que se añadía a la mirra.
- Se extraía por maceración y cocción: así pasaban las moléculas aromáticas de flores y plantas al aceite o la grasa.
- El color también contaba: casi todos los perfumes se dejaban de su color natural, pero se podían teñir de rojo con onoquelis.
Un matiz importante: la mayoría de los textos que explican cómo se fabricaban los perfumes egipcios son de época ptolemaica y romana, es decir, de los últimos siglos del Egipto antiguo. Si te interesa ver cómo se analiza hoy la química de un perfume, lo contamos en cómo se analiza un perfume para crear otro parecido.
Dos mil lirios para un perfume

Las flores delicadas se maceraban varias veces. El médico griego Dioscórides, en el siglo I, explica cómo hacer un perfume de lirio: se toman 1.000 lirios y se dejan macerar 24 horas en aceite de balanos especiado. Después se cuela, se retiran los restos y se añaden otros 1.000 lirios al mismo aceite. Cuantas más veces se repetía, más intenso era el perfume.
Ojo: Dioscórides escribe para un público griego y romano, siglos después de los grandes faraones, aunque se refiere a menudo a prácticas egipcias. Aquellos perfumes eran ya un artículo de lujo de exportación: se han encontrado frascos de vidrio egipcios por todo el Mediterráneo, y es posible que algunos se fabricaran fuera de Egipto «con licencia», a partir de ingredientes enviados desde allí.

Este frasco de vidrio en forma de ánfora, del Metropolitan Museum, es de la dinastía XVIII, entre los reinados de Amenhotep III y Akenatón: apenas 15 centímetros de vidrio azul con ondas blancas, amarillas y turquesa.
Curiosamente, la fabricación de perfume casi nunca se representó en las tumbas, a diferencia de otros oficios. Una de las pocas excepciones es este relieve del Louvre, de la dinastía XXVI, en el que varias mujeres retuercen un saco lleno de flores para extraer su aroma. Otra es una tumba de Tebas, la TT 175, donde se ve moler, tamizar, cocer y envasar.
Kyphi: el perfume más famoso de Egipto se quemaba
El aroma más célebre del Antiguo Egipto no se ponía sobre la piel. El kyphi es la forma griega del egipcio kapet, que significa algo así como «sustancia para ahumar». Se conocen tres versiones grabadas en templos (dos en Edfu y una en Filé), otra en el Papiro Ebers y menciones tan antiguas como los Textos de las Pirámides.
Tenía alrededor de 16 ingredientes: resinas, hierbas y especias sobre una base de pasas. El escritor griego Plutarco los enumera, y entre ellos hay miel, vino, pasas, juncia, resina, mirra, almáciga, betún, enebro, cardamomo y cálamo. También cuenta que los egipcios hacían cada día una triple ofrenda de aroma al Sol: resina al amanecer, mirra al mediodía y kyphi al atardecer. El olor del templo cambiaba con las horas.
El kyphi tenía fama de mucho más que oler bien. Plutarco describe sus efectos espirituales y terapéuticos al inhalarlo, o incluso tomándolo en vino, y habla de un kyphi del sol y un kyphi de la luna. El médico Galeno llegó a recetarlo para las mordeduras de serpiente. Son creencias antiguas, no remedios con eficacia demostrada. Y aunque hoy se venden «kyphi» recreados, Manniche advierte de que reproducirlo con exactitud choca con un problema: muchos nombres de plantas de los textos todavía no se han identificado con seguridad.
Una cadena de suministro de hace 4.000 años
La perfumería egipcia dependía de materias primas que venían de lejos. Hay rastros de este comercio, tanto de entrada como de salida, desde alrededor del 2000 a. C., y Manniche lo considera una fuerza importante de la economía egipcia.
- Incienso y mirra llegaban tradicionalmente de la tierra de Punt, en la zona de las actuales Eritrea y Somalia.
- La resina de pistacia venía de Siria-Palestina.
- Las especias, como la canela o el cardamomo, llegaban en caravanas desde aún más lejos.
La expedición más famosa a Punt fue la de la reina Hatshepsut, representada en su templo de Deir el-Bahari, donde se ven los barcos cargados con productos de aquella tierra, entre ellos la mirra y el incienso. Hoy, las resinas siguen siendo el corazón de la perfumería árabe; si te interesa una de las más valoradas, tienes nuestra guía sobre qué es el oud y por qué se valora en perfumería.
El perfume como regalo del faraón

Los ingredientes importados eran caros, así que el perfume era un artículo de lujo. Tanto que formaba parte del «lote» con el que el rey premiaba a sus funcionarios más destacados en las ceremonias de recompensa, junto a collares de oro y, a veces, guantes. Un perfume podía ser un regalo real, como hoy lo sería una joya.
Los frascos estaban a la altura. Este, del Metropolitan Museum de Nueva York, es de la época de Akenatón: un pequeño recipiente de apenas 11 centímetros, tallado en travertino (el llamado alabastro egipcio) e incrustado con cornalina, obsidiana, oro y vidrio de colores, que muestra a una princesa. Más pequeñas aún eran las llamadas cucharas cosméticas, talladas en madera o alabastro con forma de nadadoras con patos, flores de loto, granadas o gacelas.
El perfume también tenía un lado erótico y divino. Aparece en poemas de amor y en relatos en los que un dios revela su identidad por el perfume que desprende. Y tenía su propio dios: Nefertum, hijo de Ptah, representado como un joven coronado por una flor de loto. Según el mito, surgió de un loto en el origen del mundo, y se le asociaba con el perfume y con esta flor, que se abre con la luz y se cierra al caer el día, como el sol que renace cada mañana.
La reserva de perfume de Tutankamón (y las huellas de los ladrones)
Esta es probablemente la curiosidad más espectacular. La tumba de Tutankamón contenía unos 350 litros de aceites y grasas, algunos en recipientes de calcita tallados con mucha fantasía.
¿Cuánto valían? Lo suficiente como para que el segundo grupo de ladrones que entró en la tumba llevara pieles de cuero preparadas expresamente para llevarse los aceites. Todavía quedan restos en algunas de aquellas vasijas, y en algunos se conservan las huellas dactilares de los ladrones que sacaron el contenido con las manos. Más de tres mil años después, su rastro sigue impreso en el perfume del faraón.
No era algo solo de reyes. La élite egipcia incluía en sus tumbas muestras de los tradicionales siete aceites sagrados. Y la ciencia ha encontrado otro rastro sorprendente: el análisis del polen en la momia de Ramsés II mostró que su cuerpo había sido ungido con aceite de manzanilla.
Perfume para la eternidad: lo que revela un taller de embalsamamiento
Las sustancias aromáticas eran parte esencial de la momificación, y hoy podemos saber cuáles se usaban. En 2023, la revista Nature publicó el análisis químico de 31 vasijas de un taller de embalsamamiento de Saqqara, de la dinastía XXVI. Muchas llevaban escrito qué contenían o para qué servían, con indicaciones como «para poner en su cabeza».
Dentro aparecieron aceites o alquitranes de cedro y de enebro o ciprés, resina de pistacia, aceite de ricino, grasas animales, cera de abeja calentada y betún. Y dos sorpresas: el elemi, una resina que llegaba de zonas tropicales de África o del Sudeste Asiático, y el damar, originario del Sudeste Asiático. La demanda de los embalsamadores alimentaba redes de comercio enormes.
El misterio de los conos sobre la cabeza

En muchas pinturas de banquetes, los invitados llevan un pequeño cono sobre la cabeza. Durante décadas se explicó que era grasa perfumada que se derretía con el calor y perfumaba el pelo y la ropa. Otros pensaban que era solo un recurso del artista para indicar que los invitados iban muy perfumados.
| El mito | Lo que sabemos hoy |
|---|---|
| Era un bloque de grasa perfumada que se iba derritiendo sobre la peluca. | En 2019 se publicaron los dos primeros conos reales, hallados en tumbas de Amarna. Eran de cera, huecos, y no se encontró rastro de perfume ni de resinas aromáticas. Uno estaba sobre la cabeza de una mujer de unos veinte años. |
| Su función era perfumar. | Los investigadores proponen, con prudencia, que podían ser símbolos para favorecer el renacimiento o la fertilidad en el más allá. Su función exacta sigue en debate. |
Así que la próxima vez que leas que «los egipcios se ponían conos de grasa perfumada», ya sabes que la historia es más interesante, y más abierta, de lo que parece.
Científicos oliendo momias en 2025
La forma más directa de saber a qué olía Egipto es oler lo que queda de él. En febrero de 2025, un estudio publicado en el Journal of the American Chemical Society analizó el olor de nueve cuerpos momificados del Museo Egipcio de El Cairo. Combinaron cromatografía de gases y espectrometría de masas con un panel de personas entrenadas para describir olores.
¿El resultado? Las momias huelen «amaderado», «especiado» y «dulce». Los investigadores relacionaron esos aromas con aceites y resinas de coníferas, como el pino, el cedro y el enebro, y con gomorresinas como el incienso y la mirra usadas en la momificación. Es decir: los mismos ingredientes que aparecen en las recetas y en las vasijas.
¿Y el perfume de Cleopatra?
Seguro que lo has leído alguna vez: «este era el perfume favorito de Cleopatra». Conviene tomarlo con cautela. Lo que sí existe es un proyecto de arqueología experimental muy serio: en 2021, un equipo publicó en la revista Near Eastern Archaeology la reconstrucción del perfume mendesiano, uno de los más codiciados de la Antigüedad, a partir de textos antiguos y de los hallazgos de una perfumería en Tell Timai, en el delta del Nilo, una ciudad por la que llegaban especias de la India, Arabia y África. Es un trabajo fascinante, pero demostrar que una reconstrucción concreta reproduce el perfume personal de una reina es otra cosa.
Lo que queda de aquel Egipto en un frasco actual
Hay ideas que no han cambiado en tres mil años: extraer el aroma de las materias primas, fijarlo en un soporte que lo libere poco a poco y cuidar el orden y las proporciones. Y hay ingredientes que siguen ahí. La mirra y el incienso que traían de Punt son hoy notas habituales en la perfumería árabe. Estos son algunos perfumes que tienes en Kiwiku con mirra o incienso entre sus notas:
Si quieres entender cómo se organizan esas notas en un perfume, lo explicamos en qué son las notas olfativas y cómo leerlas, y si te pica la curiosidad por la perfumería del Golfo, tienes nuestra guía de marcas de perfumería árabe.
Preguntas frecuentes
¿Los egipcios usaban perfume con alcohol?
No hay pruebas de que usaran la destilación en el Egipto faraónico. Sus perfumes corporales eran aceites, grasas y ungüentos aromatizados por maceración y cocción.
¿Qué era el kyphi?
Una preparación aromática para quemar, de unos 16 ingredientes (resinas, hierbas y especias sobre una base de pasas), usada en los templos. Según Plutarco, se quemaba al atardecer.
¿De dónde venían el incienso y la mirra?
Tradicionalmente, de la tierra de Punt, en la zona de las actuales Eritrea y Somalia.
¿Es verdad que se ponían conos de grasa perfumada en la cabeza?
No se puede afirmar. Los dos únicos conos reales encontrados, en Amarna, eran de cera, huecos y sin rastro de perfume. Su función todavía se debate.
¿A qué huelen las momias?
Según un estudio de 2025 con nueve momias del Museo Egipcio de El Cairo, a «amaderado», «especiado» y «dulce», por los aceites de coníferas, el incienso y la mirra del embalsamamiento.
Conclusión
En el Antiguo Egipto el perfume era religión, medicina, poder y eternidad a la vez. Se cocía durante meses, se fabricaba con miles de flores, se traía de tierras lejanas y se guardaba en frascos que hoy están en los mejores museos del mundo. Y la historia no ha terminado: más de tres mil años después, la ciencia sigue intentando reconstruir cómo olía Egipto. Quizá lo más bonito sea que, cada vez que una nota de mirra o de incienso aparece en un perfume moderno, algo de aquel olor sigue con nosotros.
Fuentes
- Lise Manniche, «Perfume», UCLA Encyclopedia of Egyptology, 2009. Ver artículo.
- Plutarco, Sobre Isis y Osiris (Moralia).
- M. Rageot y otros, «Biomolecular analyses enable new insights into ancient Egyptian embalming», Nature, 2023. Ver estudio.
- A. Stevens y otros, «From representation to reality: ancient Egyptian wax head cones from Amarna», Antiquity, 2019. Ver estudio.
- «Ancient Egyptian Mummified Bodies: Cross-Disciplinary Analysis of Their Smell», Journal of the American Chemical Society, 2025. Ver estudio.
- R. Littman y otros, «Eau de Cleopatra: Mendesian Perfume and Tell Timai», Near Eastern Archaeology 84.3, 2021.
Imágenes: banquete de la tumba de Nakht (TT 52), facsímil del Metropolitan Museum of Art, CC0; preparación del perfume de lirio, relieve del Museo del Louvre (E 11162), foto de Jastrow, dominio público; frasco de perfume con una princesa (40.2.4) y frasco de vidrio en forma de ánfora (26.7.1177), Metropolitan Museum of Art, dominio público.







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