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¿A qué olía la Antigua Roma? El perfume de hace 2.000 años que la ciencia ha logrado identificar
Perfumería 12 min lectura

¿A qué olía la Antigua Roma? El perfume de hace 2.000 años que la ciencia ha logrado identificar

¿A qué olía la Antigua Roma? El perfume de hace 2.000 años que la ciencia ha logrado identificar

04 oct 2026 Pedidos Kiwiku
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¿A qué olía la Antigua Roma? El perfume de hace 2.000 años que la ciencia ha logrado identificar

En 2019, durante unas obras en una vivienda de Carmona (Sevilla), apareció la entrada a un mausoleo romano intacto. Dentro de una de sus urnas había un pequeño frasco de cristal de roca que llevaba cerrado casi dos mil años. Y dentro del frasco, solidificado, seguía el perfume de una mujer romana.

Ese hallazgo, analizado por la Universidad de Córdoba, es el hilo de esta historia. Desde un frasco sevillano viajaremos a los jardines de Pompeya, a los talleres de los perfumistas romanos y a los excesos de Nerón, para responder a una pregunta muy sencilla: ¿a qué olía Roma? Todo lo que vas a leer está contrastado con estudios científicos y con los propios autores romanos.

Ungüentario romano de cristal de roca hallado en Carmona (Cosano et al., Heritage 2023, CC BY 4.0)

Un frasco de cristal de roca cerrado durante 2.000 años

El mausoleo de Carmona era una tumba colectiva, probablemente de una familia acomodada. Tenía una cámara abovedada con pinturas y ocho nichos; seis guardaban urnas con los restos cremados de tres hombres y tres mujeres. Nadie lo había saqueado.

En uno de los nichos había una caja de plomo con una urna de vidrio. Dentro, junto a los restos de una mujer de entre 30 y 40 años, según la Universidad de Córdoba, aparecieron una bolsita de tela, tres cuentas de ámbar y un pequeño ungüentario en forma de ánfora tallado en cristal de roca, es decir, en cuarzo. En época romana, los recipientes de cuarzo eran objetos de lujo muy raros.

El ungüentario y las cuentas de ámbar dentro de la urna de Carmona (Cosano et al., Heritage 2023, CC BY 4.0)

El frasco seguía cerrado gracias a un tapón de dolomita sellado con betún. Según los investigadores, es la primera vez que se documenta este sistema de cierre en un ungüentario. La tumba se fecha a finales del siglo I a. C. o principios del I d. C.

¿A qué olía? Probablemente a pachulí

En 2023, el equipo del profesor José Rafael Ruiz Arrebola, de la Universidad de Córdoba, publicó en la revista científica Heritage el análisis del contenido. Usaron, entre otras técnicas, cromatografía de gases con espectrometría de masas, la misma tecnología con la que hoy se analizan los perfumes (te lo contamos en cómo se analiza un perfume).

El resultado: una base de grasa de origen vegetal y un aceite esencial cuyos compuestos coincidían con los del pachulí (Pogostemon cablin), tras compararlos con muestras actuales de pachulí y de nardo. Los autores son prudentes: dicen que el perfume era «probablemente» pachulí y que, hasta donde saben, quizá sea la primera vez que se identifica un perfume de época romana.

Y aquí empieza el misterio. El pachulí es una planta asiática. Si la identificación es correcta, una esencia llegada de Asia acabó en el perfume de una mujer enterrada en la Bética. El propio estudio recoge una pista curiosa: el filólogo Jacques André propuso que el folium que citan los autores romanos, una hoja aromática a veces confundida con el nardo, podría haber sido precisamente el pachulí.

Un perfume romano era un aceite, no un espray

Lo de Carmona encaja con lo que contaban los romanos. El naturalista Plinio el Viejo, en el libro XIII de su Historia natural, explica que un ungüento tiene dos partes: el jugo, normalmente aceites, y la parte sólida, las sustancias aromáticas. Se usaban aceites de oliva, almendra o sésamo, entre otros, y el estudio de Carmona recuerda que el de aceitunas verdes resistía mejor la oxidación.

Plinio sabía cosas que cualquier perfumista actual firmaría:

  • El orden importa: «el aroma que se añade el último es el más intenso».
  • La base fija el aroma: cuanto más graso es el aceite, como el de almendras, mejor conserva el perfume.
  • La luz lo estropea: el sol perjudica a los ungüentos, por eso se guardaban a la sombra.

Por cierto, los romanos no decían «perfume», sino unguentum, ungüento. La palabra perfume es muy posterior: llega en el siglo XVI a través de las lenguas romances, a partir del latín per (a través) y fumare (humear), porque al principio designaba el humo aromático de las sustancias que se quemaban.

Miles de rosas para un aceite perfumado

Las flores se maceraban en aceite una y otra vez. Para el aceite de rosas, según la lectura que hace la historiadora Tara Mulder de la receta de Dioscórides, se dejaban en aceite los pétalos de 1.000 rosas durante la noche; al día siguiente se colaba el aceite y se volvía a cargar con los pétalos de otras 1.000 rosas, y así hasta siete veces. Siete mil rosas para un solo aceite: así se entiende que el perfume fuera un lujo.

Pompeya: la casa del perfumista y los cupidos que fabrican perfume

En Pompeya hay una casa conocida como Casa del Giardino di Ercole, o «del perfumista». Su nombre viene de una estatuilla de Hércules hallada en el larario del jardín, y en sus excavaciones aparecieron frascos de vidrio, semillas, restos de plantas aromáticas y un sistema de riego único en la ciudad. Los análisis de polen de la botánica Wilhelmina Jashemski apuntaron a rosas, violetas y lirios: todo indica que allí se cultivaban flores para perfumes.

Y lo mejor: hoy se puede visitar. El Parque Arqueológico de Pompeya reconstruyó el jardín a partir de esos estudios y lo reabrió el 11 de junio de 2025 con 800 rosales antiguos, 1.200 violetas y 1.000 plantas de rusco, además de cerezos, vides y membrillos.

Friso de cupidos fabricando aceite perfumado en la Casa de los Vettii de Pompeya

Pompeya también nos dejó una «foto» de cómo se trabajaba. En la Casa de los Vettii, un friso muestra a pequeños cupidos y psiques en distintos oficios, y una de las escenas es la fabricación de aceite perfumado: se ven prensas, calderos, un armario con frascos y una figura sentada a la que se suele interpretar como una clienta probando el perfume.

Unguentarii: perfumistas profesionales (y perfumistas mujeres)

Los romanos tenían perfumistas de oficio, los unguentarii. En Capua había una calle entera, la Seplasia, llena de tiendas de ungüentos y perfumes; tan famosa que de ella viene seplasiarius, «comerciante de ungüentos». Cicerón la menciona en uno de sus discursos.

Y no era un oficio solo de hombres. En Puteoli, cerca de Nápoles, se conserva el epitafio que un hijo, Licinio Amomo, dedicó a su madre, Licinia Primigenia, unguentaria, perfumista, que vivió 71 años.

El ungüento real: ingredientes de medio mundo

Plinio describe el «ungüento real», el de los reyes partos, con más de veinte ingredientes, entre ellos costo, amomo, canela de Siria y mirra. Y remata con una frase demoledora: ninguno de sus componentes se cultivaba en Italia, «la conquistadora del mundo». El perfume se vendía en Roma, pero su olor venía de la India, Arabia, Egipto o Siria.

Falsificaciones hace 2.000 años

Donde hay lujo, hay engaños. Plinio cuenta que el valioso nardo de la India se adulteraba: a la raíz se le añadían gomas, litargirio de plata o antimonio para que pesara más, y se vendía como auténtico un «falso nardo» que crecía en cualquier parte. No eran falsificaciones de marca como las de hoy, sino materias primas caras sustituidas por otras baratas, pero el problema de fondo era el mismo: pagar por una cosa y llevarte otra. Si te interesa cómo evitarlo hoy, lo explicamos en dónde comprar perfumes árabes originales.

Lo que costaba un perfume romano

Plinio da precios. Un ungüento de canela costaba entre 35 y 300 denarios según su calidad, y los más lujosos superaban los 400 denarios por libra. Para hacerse una idea: un legionario cobraba en tiempos de Augusto unos 225 denarios al año. Algunos perfumes costaban, por libra, más que casi dos años de paga de un soldado.

A Plinio aquello le parecía absurdo, y su argumento es sorprendentemente moderno: una joya pasa a los herederos y un vestido dura años, pero el perfume «muere en el mismo momento en que se usa». Por eso lo consideraba el más superfluo de los lujos. Y sin embargo Roma pagaba fortunas por algo hecho para desaparecer en el aire.

Los excesos de los emperadores

Los autores romanos, siempre críticos con el lujo, dejaron anécdotas que parecen inventadas, aunque conviene leerlas con la cautela que merece su tono moralizante:

  • Perfume en los pies: según Plinio, Otón enseñó a Nerón a perfumarse las plantas de los pies.
  • Baños perfumados: había quien hacía rociar de perfume las paredes de los baños, y Calígula perfumaba sus bañeras.
  • Hasta el ejército: las águilas y los estandartes de las legiones se ungían con perfume en los días de fiesta.
  • Lluvia de flores y perfume: según Suetonio, los comedores de la Domus Aurea, el palacio de Nerón, tenían techos de marfil con paneles que giraban para dejar caer flores y tuberías para rociar a los invitados con perfume.
  • El funeral de Popea: Plinio afirma que Nerón quemó en un solo día, en el funeral de su esposa Popea, más incienso del que producía Arabia en un año. Probablemente una exageración del autor para denunciar el derroche.

El perfume que delató a un fugitivo

La historia más novelesca la cuenta Plinio. Durante las proscripciones de los triunviros, Lucio Plocio se escondió en Salerno, pero su escondite fue descubierto por el olor del perfume que llevaba. Una estela demasiado reconocible le costó la vida.

Roma intentó prohibirlo

El lujo oriental preocupaba. Plinio cuenta que, tras la victoria sobre el rey Antíoco, los censores publicaron un edicto que prohibía vender «esencias extranjeras». Los historiadores advierten de que la fecha y los nombres que da Plinio plantean dudas, pero la idea queda clara: hubo intentos de frenar el gasto en perfumes. A la vista de todo lo anterior, no tuvieron mucho éxito.

Del gimnasio a las termas: aceite, estrígilo y perfume

En las termas, los romanos se untaban de aceite y se raspaban el sudor y la suciedad con el estrígilo, una especie de rascador curvo de metal. Después del baño, sobre la piel limpia, llegaban los aceites perfumados. Casi un ritual de cuidado corporal de hace dos mil años.

Frasco de perfume romano de vidrio soplado en forma de candelero, siglos II-III, Metropolitan Museum of Art

Los perfumes se guardaban en pequeños unguentaria. En época romana se popularizaron los de vidrio soplado, como este del Metropolitan Museum, de los siglos II y III, con su largo cuello en forma de candelero. En el extremo más lujoso estaban los de cristal de roca, como el de Carmona.

Lo que queda de Roma en un perfume actual

Hay ideas que no han cambiado: extraer el aroma de flores y resinas, fijarlo en una base que lo libere poco a poco y cuidar el orden de los ingredientes. Y hay herederos directos. Los aceites perfumados concentrados de la perfumería árabe, sin alcohol, son lo más parecido que puedes comprar hoy a un ungüento romano. Y el pachulí, la esencia del frasco de Carmona, sigue siendo una de las notas de fondo más usadas. Estos son algunos perfumes de Kiwiku con pachulí entre sus notas, y un aceite concentrado:

Si quieres leer la primera parte de esta serie sobre la historia del perfume, tienes cómo olía el Antiguo Egipto en nuestro blog, y para entender cómo se organizan las notas de un perfume, qué son las notas olfativas y cómo leerlas.

Preguntas frecuentes

¿Los romanos usaban perfume con alcohol?

No. Sus perfumes eran ungüentos y aceites aromáticos: una base de aceite o grasa en la que se maceraban flores, especias, raíces y resinas.

¿Qué se encontró en Carmona?

Un ungüentario de cristal de roca, sellado con un tapón de dolomita y betún, dentro de la urna de una mujer en un mausoleo romano. Su contenido se identificó como probablemente pachulí sobre una base de grasa vegetal.

¿Cómo se llamaban los perfumistas romanos?

Unguentarii, y unguentariae si eran mujeres, como Licinia Primigenia, en Puteoli.

¿Se puede visitar la casa del perfumista de Pompeya?

Sí. La Casa del Giardino di Ercole reabrió en junio de 2025 con su jardín reconstruido. Consulta los horarios en la web del Parque Arqueológico de Pompeya.

¿De dónde viene la palabra perfume?

Del latín per y fumare, «a través del humo», pero la palabra es del siglo XVI. Los romanos decían unguentum.

Conclusión

En Roma el perfume era lujo, comercio, estatus, exceso y también ciencia empírica: maceraban miles de rosas, protegían sus ungüentos de la luz y ya sabían que el último ingrediente era el que más se notaba. Dos mil años después, un frasco cerrado en Carmona nos ha devuelto, por fin, uno de aquellos olores. Y resulta que no nos es tan ajeno: el pachulí sigue en muchos de los perfumes que usamos hoy.

Fuentes

  • D. Cosano, J. M. Román, F. Lafont, J. R. Ruiz Arrebola, «Archaeometric Identification of a Perfume from Roman Times», Heritage 6 (2023), 4472-4491. Ver estudio (CC BY 4.0).
  • Universidad de Córdoba, «El Imperio Romano olía a pachulí», nota de prensa, 2023. Ver noticia.
  • Plinio el Viejo, Historia natural, libros XII y XIII.
  • Suetonio, Vida de Nerón, 31.
  • Tara Mulder, «Roses», Perspectives on History (American Historical Association), 2021.
  • Parque Arqueológico de Pompeya, inauguración de la Casa del Giardino di Ercole, 11 de junio de 2025. Ver comunicado.
  • W. Smith, Dictionary of Greek and Roman Antiquities, voz «Unguenta» (sobre la Seplasia de Capua).

Imágenes: ungüentario de cristal de roca y urna de Carmona, de Cosano et al., Heritage 2023, licencia CC BY 4.0; friso de los cupidos perfumistas de la Casa de los Vettii (Pompeya), fotografía de Johannes Eber, dominio público; frasco de perfume de vidrio (91.1.1363), Metropolitan Museum of Art, dominio público.

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